En el cuerpo de un niño se encuentra un alma, que tal vez tiene ya tras de sí muchos peregrinajes terrenales. En lo más interno de su ser, cada ser humano es un hijo puro de Dios. El conocimiento de la reencarnación, sobre la posibilidad de las repetidas encarnaciones del alma, pertenece no en vano a los conocimientos originarios de la humanidad, y también al de los primeros cristianos. A través de repetidas encarnaciones el alma puede madurar cada vez más y salir de la rueda del renacimiento, para volver a ser finalmente el hijo puro de Dios en el Hogar eterno.

La escuela a la que van niños y jóvenes, es un símbolo para la escuela de la vida Tierra, en la que, sean grandes o pequeños, se encuentran todos. Los seres humanos viven en la Tierra para aprender: así tienen la oportunidad de reconocer paso a paso en sí mismos los sentimientos, pensamientos y comportamientos negativos, que como alma han traído consigo a esta vida terrenal, y de cambiarlos en positivos. Esto vale de igual modo para profesores, padres y alumnos. Por ello al concepto educativo de Las Escuelas Sofía, Aprende conmigo para la vida universal pertenece el que las maestras y maestros sean buenos ejemplos para sus alumnas y alumnos, y vean en cada niño y joven a una hermana o a un hermano, que como ellos están en el camino hacia Dios. Así afirman y fortalecen lo bueno en cada niño y joven y lo fomentan con el propio ejemplo.

Dios, el Espíritu libre, en las diferentes épocas y culturas ha encontrado siempre de nuevo un camino para comunicarse con los seres humanos. En el tiempo actual habla Él nuevamente a través de Gabriele, Su enviada. A través de Gabriele habló también a los seres humanos Liobaní, un ser de los Cielos, y transmitió muchas ayudas y consejos prácticos para la educación de los niños y jóvenes. En uno de los libros de Liobaní se encuentra la frase:

«Según la Ley de Dios, para cada ser humano es válida la siguiente frase recordatoria: «Vive para aprender», y no: «Aprende para vivir».

Precisamente en el mundo económico actual es importante que los niños y jóvenes, junto con la materia de aprendizaje que establecen los planes de enseñanza de los países respectivos, conserven y desarrollen la alegría de aprender; que experimenten cómo se aprende algo nuevo.

Además de ello, en una comunidad activa desarrollan valores éticos como sentido comunitario, comprensión, sentimientos solidarios, pacifismo y tolerancia. Se ejercitan en cualidades sociales como independencia, cooperación, capacidad de comunicación, flexibilidad, creatividad, capacidad de trabajar en equipo y un espíritu emprendedor. Esto es «Aprender para la vida».