Aprender en una atmósfera familiar

En una atmósfera familiar, en la que cada uno se siente a gusto, se puede aprender bien conjuntamente Comida vegetariana del mediodía

Niños y jóvenes que se sienten bien y acogidos y tienen la oportunidad de desarrollar sus talentos y capacidades, pueden también aprender bien. Por ello en Las Escuelas Sofía, Aprende conmigo para la vida universal la atmósfera escolar se caracteriza por una convivencia familiar.
En una buena comunidad cada uno respeta y valora al otro. Los niños y jóvenes se ayudan recíprocamente a aprender; alumnos mayores ayudan a los más jóvenes y se encargan de ellos en calidad de «padrinos». A las alumnas y a los alumnos se les incluye en muchos procesos de decisión. Esto llega hasta la organización y el desarrollo de las horas de clase. Todos cuidan de que se mantengan las reglas y acuerdos tomados conjuntamente, lo que resulta fácil, porque han sido aclarados previamente y todos entienden su sentido.

La atmósfera de la convivencia familiar, de estar los unos por los otros, se promueve nuevamente ya por la mañana temprano. El día escolar no comienza en seguida con las lecciones, sino con un círculo matinal conjunto y a continuación un pequeño desayuno, en el que cada alumno puede sentirse a gusto e «integrarse» conscientemente en la clase.

Importante para una buena atmósfera de aprendizaje es sin duda alguna una decoración agradable del edificio, de las salas de clases y también de los pasillos. Los alumnos colaboran con ello y cuidan todas las dependencias de la escuela. Todo es confortable y está limpio. Los pupitres de las aulas están confeccionados de tal modo que se les puede disponer en forma de círculos más grandes o más pequeños o en semicírculos.

En una atmósfera familiar, en la que cada uno se siente a gusto, se puede aprender bien conjuntamente
Comida vegetariana del mediodía


La solución de conflictos

La Regla de Oro «Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tampoco tú a nadie» es precisamente para los niños y jóvenes algo muy evidente: Si por ejemplo no quiero que se me insulte, tampoco lo hago yo a otros. Y si deseo tener buenos amigos, soy yo mismo un buen amigo.
En toda comunidad surgen sin embargo una y otra vez conflictos. Los pedagogos consideran en este caso que su tarea consiste en encontrar una buena solución junto con los niños y jóvenes. Esto no significa –como es en general la costumbre en las situaciones de estrés– buscar la culpa en el otro: «¡El otro fue el que empezó!». En lugar de ello se busca con la ayuda de todos qué es lo que ha llevado a la pelea y cuál es la participación que ha tenido cada uno en ella. Tal vez uno le ha dicho al otro una expresión hiriente –¿Pero no ha sido tal vez así que este último había provocado antes al otro o se había reído de él? Tan pronto como cada uno ha reconocido su parte en una pelea, no resulta tan difícil dirigirse sinceramente de corazón el uno al otro, disculparse, reparar el comportamiento y esforzarse en no hacerlo más.

La reconciliación aporta alegría a todos los implicados y es un enriquecimiento para la comunidad. Esto es el Sermón de la Montaña vivido en la vida diaria: «Saca primero la viga de tu ojo, antes de que puedas ayudar a quitar la paja del ojo de tu hermano».

Si el conflicto tiene que ver con alumnos de otra clase, las chicas y los chicos llaman entonces a la puerta de aquella clase y aclaran la situación conjuntamente. Los niños y jóvenes aprenden de esta manera a tomar partido por una comunidad más grande y a aportarle algo positivo.


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